La fórmula Milei-Milei: un globo de ensayo para ordenar la interna y los negocios
El karinismo mandó a medir a su jefa como posible vice, pero también se entusiasma con un "Plan 4x4": 16 años consecutivos de presidencia alternada entre los hermanos. Los guiños en una cumbre de los negocios mileístas, donde proliferan recelos y operaciones al tiempo que se acelera el saqueo. Las picardías del patrón Iraeta: el secretario que pidió aplausos y quedó en offside.

Sin Karina, no hay Javier». La frase del economista Darío Epstein en el Latam Economic Forum es la nueva probeta del Experimento Milei: sondear las chances electorales de la Secretaria General de la Presidencia. La hermana que, en palabras de Epstein, constituye el enlace entre el presidente y el esquema de negocios que lo incubó. “Desde el principio, Javier decía: ‘Eso lo tenés que hablar con Karina’. No es casualidad; son un equipo, son lo mismo», sostuvo el economista que asesoró a los Milei durante la campaña 2023. A juzgar por las evidencias que se acumulan en expedientes judiciales sobre pagos a cambio de encuentros, la frase es propia de un testigo de cargo.
Los operadores del karinismo llevan meses cultivando la construcción de Karina como figura política autónoma, con proyección electoral propia y con el aparato del partido a sus espaldas. La imaginan, a la vez, como señuelo y stopper. Los más osados, incluso, lo llaman el «Plan 4×4»: dieciséis años consecutivos de conducción alternada entre los hermanos. La fórmula implica que Javier Milei gane la reelección en 2027, complete su segundo mandato hasta 2031, y que en esa instancia Karina se presente como candidata presidencial. El conteo cierra en 2039, “si Milei en efecto se retira al campo”, se ceban los ultras. Soñar no cuesta nada. Pero llevar esos sueños a la práctica puede resultar muy oneroso.
A principios de mayo, el Jefe de Gabinete Manuel Adorni lanzó una licitación por 229 millones de pesos para contratar encuestas. La decisión administrativa constituyó el primer paso táctico para la pretendida instalación de Karina como candidata. Aunque el resultado resulte previsible, es un paso obligado: el karinismo precisa un número, cualquier número, para medir el techo y calibrar la estrategia de comunicación.
«Gracias por el aguante» dijo la Secretaria a la salida del Tedeum, el 25 de mayo. La frase -tan insustancial como inocua- fue escalada por los comunicadores afines al gobierno como una epifanía. «Es el gobierno manifestando empatía, reconociendo el esfuerzo de la gente» dijo, por caso, el animador mileísta Luis Miguel Majul. La audacia del operativo karinista contrasta con los datos duros. Un estudio de la consultora Atlas Intel, realizado entre el 24 y el 28 de abril sobre 4.844 casos, ubicó a Karina Milei como la funcionaria con peor imagen dentro del gabinete nacional: 75% de percepción negativa y apenas 16% de positiva, con un diferencial de 59 puntos, el más bajo del relevamiento. Para dar escala a ese número: el propio Presidente acumula un 62% de imagen negativa contra un 36% de positiva, y aun así el diferencial de Karina lo supera por lejos.
Los datos de la consultora Synopsis, recogidos en mayo, no ofrecen alivio. La imagen negativa de la secretaria general llegó al 70% ese mes, con una leve baja respecto al pico histórico de 74,6% de abril, pero la imagen positiva también cayó y se ubica en 9,7%, su piso histórico. El deterioro se aceleró a partir del escándalo por presunto cobro de coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS). En los audios atribuidos al exdirector ejecutivo Diego Spagnuolo se menciona a la secretaria general de la Presidencia, y desde entonces la curva descendente no encontró piso. Un estudio de las consultoras Trespuntozero y La Sastrería había sido contundente: el 85% de las personas encuestadas sostuvo que había incurrido en actos de corrupción.
En diciembre pasado, la consultora Trends indagó a los encuestados si votarían a Karina Milei para suceder a su hermano en la presidencia en 2031. El techo que arrojó fue de 25%: un 8% que la votaría con certeza y un 17% que podría llegar a hacerlo. Del otro lado, 65% de rechazo explícito y 10% de indecisos. Si bien los sondeos más recientes le otorgan una leve mejoría, la imagen de la Secretaria General sigue en el subsuelo. Pero aun así quienes ordenaron nuevas encuestas esgrimen como argumento un Objetivo B: «Karina no tiene que aportar votos. Eso lo consigue Javier” dice un funcionario que participa del armado electoral minarquista, y sigue: “Pero ella de vice es crucial para cuidar la espalda de un presidente ‘Pato Rengo’. Cuanto menos, no tendrá una vice que le conspire. Además, si sale bien, tiene la vidriera del Senado 4 años para armar su candidatura», añadió el asesor, con el optimismo de la voluntad.
Negocios en red
Como ratificó Epstein en su elogio, Karina es el centro gravitacional de una red de operaciones que amalgama al Estado y con el poder real. El karinismo no es una corriente ideológica ni un programa —el espacio libertario ya tiene bastante con intentar sostener uno—: es una práctica de poder que combina control del aparato partidario, gestión de cargos y administración de los vínculos con sectores del empresariado que aceitaron su acceso al Estado a través de la secretaria general.
Ese entramado tiene consecuencias contantes y sonantes. Las internas que sacudieron al gobierno en las últimas semanas, que incluyeron roces entre el equipo de Karina y el asesor Santiago Caputo tienen como trasfondo la disputa por el manejo de contratos, concesiones y designaciones. No es un conflicto de ideas: es una disputa por el botín. En ese mapa de tensiones, el entusiasmo con la eventual candidatura a vice de Karina pretende blindar el acceso al poder ante la profundización de las fisuras de cara a 2027.
Patricia Bullrich, con 37% de imagen positiva y 60% de negativa, se consolida como el ariete del bloque que pretende sostener a flote el plan de negocios frente al eventual naufragio de los hermanos Milei. Esa condición la acercó al clan Caputo, una familia experta en la ejecución de negocios paraestatales por mano propia. El centro de operaciones de ese dispositivo se constituyó en el Palacio de Hacienda, donde el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, desplegó un organigrama proclive al conflicto de interés.




