Salud y Tecnología

En Silicon Valley, jóvenes emprendedores priorizan las startups y dejan de lado el sexo y las relaciones

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Una parte de la Generación Z vinculada al mundo tecnológico de Silicon Valley está adoptando una postura poco común para generaciones anteriores: priorizar de manera absoluta el desarrollo profesional y relegar el sexo y las relaciones personales a un segundo plano. Para muchos jóvenes emprendedores, cualquier distracción puede representar tiempo perdido en la carrera por construir una startup exitosa.

“El coste de oportunidad es muy alto. Cada noche que pasas fuera es tiempo que podrías haber usado para construir tu startup”, sostiene Annie Liao, de 24 años, fundadora de Build Club, una empresa dedicada a la educación en inteligencia artificial. Su visión refleja una mentalidad cada vez más extendida entre jóvenes emprendedores del sector tecnológico

Para generaciones anteriores, esta lógica resulta difícil de comprender. Tradicionalmente, el amor y la vida sexual fueron considerados aspectos centrales de la experiencia humana. Sin embargo, en ciertos sectores de la juventud actual, especialmente dentro del ecosistema tecnológico estadounidense, estas prioridades parecen haberse reordenado.

Los datos acompañan esta transformación. De acuerdo con la General Social Survey, una encuesta elaborada por la Universidad de Chicago desde 1972 para analizar hábitos sociales en Estados Unidos, uno de cada cuatro jóvenes de entre 18 y 29 años pasa un año completo sin mantener relaciones sexuales. En 2008, ese porcentaje era de apenas 8 por ciento.

Las explicaciones para este fenómeno son variadas. Algunos analistas lo vinculan con el consumo de pornografía y su fácil acceso en internet, mientras que otros señalan la dificultad de consolidar vínculos estables en la era de las aplicaciones de citas.

También se mencionan factores económicos y laborales, como la precariedad en el empleo, la falta de espacios privados o las extensas jornadas de trabajo que reducen el tiempo disponible para la vida personal.

No obstante, en Silicon Valley el fenómeno adopta una forma particular. Allí, muchos jóvenes no se abstienen de relaciones por falta de oportunidades o tiempo, sino por una decisión deliberada.

Algunos emprendedores optan conscientemente por una especie de “celibato voluntario” con el objetivo de maximizar su rendimiento y dedicar todas sus energías a sus proyectos.

Mahir Laul, fundador de la startup de software para recursos humanos Velric, lo resumió en una entrevista: “Estoy obsesionado con el trabajo. Mi vida amorosa está por los suelos”.

La motivación detrás de esta postura es clara: alcanzar el estatus de unicornio. En el mundo de los negocios tecnológicos, ese término se utiliza para describir a una startup privada cuya valoración supera los mil millones de dólares.

Desde 2019, cuando la creación de unicornios se convirtió en una de las grandes obsesiones del sector tecnológico, menos de 1.200 empresas lograron alcanzar ese nivel de valoración. Casi la mitad de ellas se concentran en el área de la Bahía de San Francisco y en Nueva York.

En ese contexto altamente competitivo, muchos jóvenes emprendedores adoptan una ética de trabajo casi monástica. Todo aquello que no contribuya directamente al crecimiento de la startup puede ser visto como una distracción, incluso aspectos tan tradicionales de la vida como las relaciones sentimentales o la actividad sexual.

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