Locales

Sáenz Peña sigue esperando el agua: 15 días sin servicio, obras que no terminan de resolver la crisis y una paciencia agotada

La última rotura del Segundo Acueducto dejó durante 12 días sin agua a Sáenz Peña y a numerosas localidades del interior. Las reparaciones terminaron, pero el servicio continúa sin normalizarse en distintos barrios. Mientras tanto, los vecinos siguen pagando el costo de una emergencia que parece no tener final.

Comparte

La obra terminó. El agua, todavía, no llega con la normalidad prometida. Ahora aparecen obras de reaparaciones y «supuestas» repontenciaciones en la ciudad que SAMEEP podria haber realizado durante los dias sin liquido en los caños, la evidente improvisacion del discurso con foto al pie de «nuevas obras para mejorar el servicio»,  ya no son creibles para el ciudadano comun que sigue sin obtener el liquido potabilizado en sus canillas.

La última rotura registrada en el Segundo Acueducto del Interior dejó durante 12 días sin agua potable a Presidencia Roque Sáenz Peña y a varias localidades del interior chaqueño. Doce días en los que miles de familias tuvieron que modificar completamente su rutina para conseguir algo tan elemental como agua para beber, cocinar, higienizarse y atender las necesidades básicas del hogar.

Y cuando parecía que finalmente llegaba la solución, comenzaron nuevamente los problemas.

Las tareas realizadas en inmediaciones de la toma del río Negro, cerca de Makallé, fueron anunciadas como la respuesta para recuperar el caudal y normalizar el servicio. Sin embargo, los trabajos realizados y la posterior recuperación del sistema todavía no lograron devolver el suministro de manera uniforme a todos los sectores.

En distintos barrios de Sáenz Peña los vecinos continúan denunciando baja presión, interrupciones y directamente ausencia de agua.

Doce días que dejaron una factura en cada hogar

La dimensión de la crisis no puede medirse únicamente en horas de trabajo de los operarios o en kilómetros de cañerías reparadas.

También debe medirse en el dinero que cada familia tuvo que gastar para sobrevivir a la emergencia.

Camiones cisterna, bidones, agua de perforación, traslados y combustible se sumaron a los gastos habituales de hogares cuyos ingresos ya se encuentran seriamente golpeados por la situación económica.

Para quienes tuvieron que comprar agua, cada día adicional de espera representa un nuevo gasto.

Y la pregunta empieza a ser inevitable: ¿quién se hace cargo del costo extraordinario que tuvieron que afrontar miles de usuarios por la interrupción de un servicio esencial?

Hasta ahora, los anuncios oficiales estuvieron concentrados en explicar cuándo volverá el agua. Mucho menos se habló de qué ocurrirá con los usuarios que debieron pagar de su bolsillo para reemplazar un servicio que reciben mediante una tarifa.

“Ya viene el agua”, “ya comenzamos a bombear”

La sucesión de anuncios comenzó a generar un efecto paradójico.

Primero se informó que el servicio se restablecería. Después que comenzaría a llegar progresivamente. Más tarde se anunció que las bombas ya estaban funcionando. Luego que había que esperar la recuperación de las presiones.

Ahora aparece nuevamente el anuncio de que el lunes habría agua.

Para una población que lleva casi dos semanas atravesando la emergencia y que todavía encuentra barrios sin suministro normal, la repetición de promesas sin una fecha cierta empieza a parecerse más a una novela mexicana que a una comunicación institucional.

El problema no es solamente que existan dificultades técnicas. Las obras de esta magnitud pueden presentar imprevistos.

El problema es que cada nuevo anuncio incumplido profundiza el malestar y erosiona la credibilidad de quienes deben conducir la emergencia.

Los nervios también se quedan sin agua

La paciencia de los ciudadanos comienza a agotarse.

Las redes sociales y los grupos vecinales se convirtieron en verdaderos centros de reclamo. Allí se multiplican las fotografías de tanques vacíos, las filas para conseguir agua, los camiones particulares recorriendo los barrios y las preguntas de vecinos que ya no saben cuándo volverán a tener un servicio normal.

Mientras tanto, los costos siguen acumulándose sobre los bolsillos de los chaqueños.

La emergencia dejó también expuesta una situación que deberá ser analizada: el crecimiento de la provisión privada de agua durante la crisis y los controles sobre el origen, calidad y habilitación de quienes transportan y comercializan el recurso.

¿Quién asume la responsabilidad política?

La magnitud de la emergencia ya exige que la discusión deje de concentrarse exclusivamente en los aspectos técnicos.

La responsabilidad política de una crisis de esta dimensión debe ser asumida por quienes tienen a su cargo la conducción del Estado.

El gobernador Leandro Zdero, junto con las autoridades de SAMEEP y los responsables de las empresas que participan de las obras, deberán explicar qué ocurrió, por qué la reparación demandó tantos días, qué dificultades surgieron durante los trabajos y por qué, una vez finalizadas las tareas, el servicio todavía no logra normalizarse completamente.

No alcanza con informar que se está bombeando.

No alcanza con anunciar que el agua «ya viene».

No alcanza con volver a decir que el lunes habrá servicio.

La sociedad necesita certezas.

Una crisis que ya excede a Sáenz Peña

El problema tampoco puede ser presentado como una contingencia exclusiva de la ciudad termal.

La última interrupción afectó a numerosas localidades conectadas al Segundo Acueducto y dejó en evidencia la enorme dependencia que tiene una parte importante del interior chaqueño de una infraestructura cuya falla puede paralizar durante días a cientos de miles de personas.

Eso convierte al Segundo Acueducto en una cuestión estratégica para toda la provincia.

Si una rotura puede dejar a una extensa región sin agua durante 12 días, entonces no solo debe discutirse la reparación del caño. También deben revisarse los mecanismos de contingencia, las reservas disponibles, los sistemas alternativos de abastecimiento y la capacidad de respuesta frente a futuras emergencias.

El lunes será otra prueba

Ahora el Gobierno y SAMEEP vuelven a poner una fecha sobre la mesa: el lunes.

Después de tantos anuncios, la sociedad chaqueña ya no necesita otra promesa. Necesita abrir la canilla y comprobar que el agua efectivamente volvió.

Porque después de 12 días sin servicio, de gastos extraordinarios, de familias haciendo malabares para conseguir algunos litros para al menos higienizarse minimamente o lavarse los dientes y de barrios enteros esperando respuestas, la crisis dejó de ser solamente hídrica.

También se convirtió en una crisis de gestión, de comunicación y de confianza.

Y esa, a diferencia de la presión de una cañería, no se recupera simplemente abriendo una válvula.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba